Era mi hermano mayor, el segundo de mis hermanos. Nos llevábamos 14 años y si mi hermano Pedro era mi protector, mi hermano Juan nunca permitió que yo siendo niño tuviera que ponerme a trabajar por más necesidad que tuviera la familia. Para eso ya estaba él, nos decía. Era muy guapo y siempre había sido mi ídolo.Parece que el gen musical de la familia se expresó primero en él, pues era muy aficionado a cantar. Su especialidad eran las zarzuelas y con su grupo de amigos organizaban siempre unas sesiones que dejaban encantados a quienes les escuchaban. Una vez casado, venían a la casa familiar en días de fiesta y acabábamos todos cantando. Entonces no había tele y aunque teníamos radio, preferíamos la música en vivo.
Otra cosa que me fascinaba de él era su habilidad para fabricar cometas. Con escasos materiales, caña americana, de los cañaverales de los huertos de Sant Feliu, y papel de seda de muchos colores, montaba cometas tan grandes como yo y nos llevaba a mí y a mis hermanos a disfrutar con el espectáculo de verlas volar.
Fue soldado en la guerra y sobrevivió a ella. Su vida fue relativamente tranquila en general. Se casó con Eulalia y tuvo dos hijos, Juan y Pedro. Todos ellos viven. Él no. Murió con 61 años por enfermedad incurable que aunque tratada, nada se pudo hacer.
Su mujer es pintora y es mayor que yo. Pasa de los noventa y aún sigue pintando. Mis sobrinos han heredado la vocación musical de su padre y también como yo aprovechan las oportunidades que les surgen para dar a conocer sus creaciones. Mi hermano, que en gloria esté, estará seguramente muy orgulloso de ellos. Y yo de mi hermano.
Sólo piano...



