sábado, 25 de octubre de 2008

En bicicleta

La primera vez que me subí a una bicicleta fue más o menos a los 10 años de edad.

En Sant Feliu, existía y aún todavía existe la barriada de los pisos del “Bertrand”. Esos pisos, muy modernos por aquel entonces, tenían un gran patio interior y una zona reservada donde se tendía la ropa. Para mí y mis amigos era nuestra zona de juegos y aún recuerdo que en uno de los postes de los tendederos acostumbraba a aparcar su bicicleta el señor que venía a cobrar la “Mutua de Enfermedad”. 

Nosotros siempre nos ofrecíamos, de manera interesada, a guardársela para que nadie se la robara. Él no se fiaba mucho de nosotros, pero la bicicleta no la podía llevar consigo cuando subía a los pisos y al final, a regañadientes, siempre acababa aceptando. En esos cortos instantes mis amigos y yo la cogíamos y dábamos vueltas por el patio, vigilantes siempre de que no nos pillara a su regreso. El problema era que era una bicicleta de adulto y nosotros que éramos crios de 10 años, también aprendimos además lo que era tener dolor en la entrepierna.

Más tarde pusieron en el pueblo un taller de bicicletas que las reparaban y alquilaban (esta vez de todos los tamaños). Por un cuarto de hora pagábamos 5 ó 10 céntimos de antes de la guerra. Los frenos estaban tan gastados que era como si no existieran. Así que no ganábamos para cambiar las suelas de nuestros zapatos. Recuerdo que ese cuarto de hora lo aprovechaba tanto que a mí me parecía media hora.

Años después mi sobrino Erasmo se compró una bicicleta bastante buena y me la prestaba para ir de Sant Feliu a Molins de Rei a visitar a mi hermano Juan y a su familia recien casados por aquel entonces. Cuando circulaba tranquilamente hacia Molins me venían a la cabeza músicas como ésta.



Sólo piano...

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