viernes, 14 de agosto de 2009

Brindis

Hoy día 14 de Agosto es mi cumpleaños. Cumplo 86 años y tal día como hoy, el año pasado inauguramos este blog que tantas satisfacciones me da y espero que siga haciéndolo algunos años más si la salud me lo permite.

Por eso hoy quiero brindar con vosotros, para celebrar este primer aniversario, esperando que os gusten mis músicas, que todavía quedan muchas por incorporar y que os interese, lo que puedan tener de interesantes las pequeñas presentaciones que las acompañan.

He llegado a los 4000 visitantes y sé que las músicas que están depositadas en Internet (archive.org), son escuchadas y descargadas por mucha más gente a la que por lo visto le gustan lo suficiente para conservarlas de forma privada. Con eso me doy por satisfecho sobradamente, y por eso me gustaría que pudiérais alzar una copa de cava y brindar conmigo y con mi familia y amigos para celebrarlo.

Así pues, muchas felicidades a todos y que la música, cualquiera que sea, siempre os acompañe en vuestra vida !!!


Solo piano...

Paseo bajo la luna

Estos días de vacaciones, mi mujer y yo solemos hacer un corto paseo nocturno después de cenar. Paseamos por las calles del pueblo encaminándonos hacia la salida por la antigua Plaza de los Arcos. En dos minutos estamos ya en las afueras y una vez se acaba la luz de las farolas nos sale al paso un banco que el ayuntamiento puso hace muchos años, y que es nuestro final del paseo.

Siempre que nos sentamos en él, en la oscuridad de la noche tenemos un gran espectáculo. Villarluengo, como ya os he explicado está situado en un punto privilegiado entre las montañas. Hasta donde alcanza la vista se ven montañas y más montañas y de noche, una luz muy ténue que subraya la línea del horizonte y se puede ver con vista relajada, el contorno de muchas de ellas.

Por encima de esa línea el negro de la noche se acentúa y si no hay luna ni nubes, parece como si realmente un manto de estrellas se hubiera extendido ante nuestros ojos. Empiezas distinguiendo alguna constelación y al cabo de un instante, ves cada vez más y más estrellas. En ese silencio daría gusto tumbarse sobre la hierba y extasiarse con su contemplación, pero en nuestro caso, ¿quién nos ayudaría a levantarnos después?

Pero si hay luna, las estrellas ceden su protagonismo a la reina de la noche, como la llaman los poetas. Hace unos años nuestro paseo se alargaba un poco más y cuando había luna llena y el pueblo quedaba atrás, había suficiente luz para iluminar nuestro camino. Llegados a un punto, la contemplábamos en total silencio, a veces tapada un poco por nubes que corrían en el cielo y luego la dejaban ver de nuevo, y otras veces sin nubes, en todo su esplendor.

Aprovechad cuanto podáis las bellas noches de verano para recuperar ese espíritu contemplativo. Es y será siempre un placer.


Solo piano...

miércoles, 12 de agosto de 2009

Cuando el día se acaba

Es verano y el día se alarga. Cuando le llega al sol la hora de despedirse hasta el día siguiente, es más tarde y en esta época del año podemos apreciar con calma la belleza del atardecer, en especial si estamos en la montaña o la playa.

Estos días, como ya sabéis, estoy con mi familia en Villarluengo . El pueblecito está colgado en lo alto de un peñón desde el cual se aprecia una preciosa vista de un cañón , desde luego no tan grande como el del Colorado, pero que también impresiona lo suyo. Por si fuera poco detrás del pueblo hay una montaña de unos 200 metros que lo respalda. Parece como si fuera un nido de águilas que por cierto, pueblan mucho por estos parajes.

Sea como sea, aquí cuando el sol se pone después de un día claro y despejado, los últimos rayos de luz van recorriendo las crestas montañosas de forma suave, casi como si el sol se resistiera a desaparecer del todo. Cuando el pueblo empieza a ser oscurecido por las primeras sombras de la noche, aún se pueden ver los reflejos del sol en las cumbres más lejanas.

Luego, empieza la noche y con ella se abre otro mundo de sensaciones que ya os contaré. Por lo pronto cada noche trae la promesa de un nuevo amanecer, que no es poco. No hay que ponerse nostálgicos.

¿Qué sería de nosotros si el día no se acabara y la noche no existiera? ¿O si viviéramos sin sol y en la más completa oscuridad? Yo pienso que no podríamos vivir. No nos gustaría. ¿No es así?


Solo piano...

Gotas


Me gusta mucho la lluvia.  Me gusta cuando, en verano,  después de una mañana de mucho calor empiezan a formarse nubes de tormenta y van tapando el sol de la tarde.  Cuando en Barcelona se presenta un día nublado me gusta bajar a la playa y mirar desde el paseo marítimo las masas de nubes en el horizonte que dicen que el espectáculo va a empezar... Aunque siempre regreso a casa antes de que comience.

Me gusta cuando llegan los primeros relámpagos en un cielo negro, verde, azul y gris y cuando comienzan a sonar los primeros truenos. Nunca me han asustado.

 Cuando era joven me gustaba mojarme con las primeras gotas que empezaban a caer y no me importaba si me pillaba fuera de casa y sin paraguas, aunque luego corriera a refugiarme.  En casa, ya en el calor del hogar, si volvía a casa empapado,  me gustaba contárselo a mi familia o a mis conocidos, pues para mí suponía y aún supone una pequeña aventura.

Me encanta oír el ruido de la lluvia al caer y precipitarse sobre los tejados de las casas, sabiendo que de alguna manera la tierra y todos los que la pisamos,  agradecemos ese baño purificante que la naturaleza nos ofrece. Me relaja oír llover cuando estoy acostado y  ese soniquete de las gotas repiqueteando sobre las tejas de la casa de Villarluengo que consigue hacerme dormir en paz y sabiendo que me despertaré respirando un aire más limpio y puro. ¿Habéis observado alguna vez un doble arco iris? Yo sí he tenido esa suerte, y es pura belleza.

Estas sensaciones y otras más que ahora no alcanzo a describir, me las produce la lluvia suave y temperada que cada vez se experimenta menos debido a que o no llueve cuando debería o llueve demasiado cuando no debería.



Solo piano...

viernes, 7 de agosto de 2009

Por la carretera

Mi mujer y yo viajamos ya muy poco pero en Agosto solemos venir a Villarluengo, el pueblecito del que ya os he hablado. Aunque llevamos muchos años viniendo, no nos cansa repetir  y cada verano tenemos ganas de cambiar los aires de Barcelona por esos aires frescos de la sierra del Maestrazgo tan saludables.

Venimos con Jesús, un taxista de Alcorisa, un pueblo cercano, que nos recoge en Barcelona y nos deja a la puerta de casa. Así pues, el viaje no puede ser más cómodo.

Yo siempre viajo sentado en el asiento delantero al lado de Jesús y como nunca he tenido coche ni he conducido, el ir de "copiloto"  me entusiasma porque veo a primera fila los cambios de paisaje que se dan en estos rincones privilegiados de bosques y montañas. Aunque ya los conocemos y nos son familiares, sólo los vemos una vez al año.

Sin embargo este año, el viaje ha sido un poco triste. El motivo es que una gran parte del bosque a unos diez kilómetros del pueblo ha sido arrasado por los incendios de la última semana de Julio. Al parecer han sido causados por  tormentas de aire secas, y  “con gran aparato eléctrico”, que ocurren tras las olas de calor que últimamente son frecuentes. Según los mayores de por aquí, ese bosque no lo habían visto arder nunca. Malos tiempos, dicen. El cambio climático no perdona.

Muy triste ver lo que queda de muchos pinos de gran porte, ahora quemados, a pie de carretera, con sus troncos ennegrecidos y sus bases calcinadas  como víctimas y testigos del desastre. Aún se ven en algunos puntos remolinos de cenizas que levanta el viento que todavía no se ha marchado de aquí.

Lo más triste ahora, es que nadie sabe cuánto tiempo costará recuperarlo. Voluntades y sobre todo recursos para esta zona que desde siempre ha estado tan desprotegida y olvidada.

Sin embargo, la esperanza es lo último que se pierde y espero que en un futuro podamos entre todos prevenir y curar ese mal de todos veranos. Nos va la supervivencia en ello.



Solo piano...