viernes, 20 de marzo de 2009

Para Sara

Sara es la hermana de Patricia. Se lleva nueve años con su hermana. Es la mayor.

En casa, todavía recordamos cuando Montse, su madre, la llevó a su casa recién nacida y pasamos a visitarla. Un angelito durmiendo en su cuna, y hoy que está en la flor de la vida, lo sigue siendo. Es otra de nuestras “nietas adoptivas” y creo que ella también nos considera como sus “otros abuelos”.

Sara es muy cariñosa. Cuando nos encontramos en la calle, en la escalera, en cualquier sitio siempre nos estampa un sonoro beso en cada mejilla, que nos hace sonreir. Nos tiene ganados.

Cuando era un bebé y no tan bebé, algunas veces su madre la dejaba a nuestro cuidado, y lo que son los niños cuando no se hacen extraños con la gente, se sentía tan a gusto que cuando mi mujer hacía una pequeña siesta, ella la hacía también, y cuando comíamos, ella comía también. A veces yo la cogía en brazos, tendría uno o dos añitos, y le enseñaba a distinguir los objetos de la casa. Al poco tiempo ella los señalaba y los nombraba a su manera reclamando toda nuestra atención.

Hoy, a sus veintidós años, es una chica muy guapa, hasta el punto que hasta ha salido en algunos anuncios de la tele.  Se dedica a estudiar diseño y temas de belleza y estética, que es lo suyo y lo hace con muchas ganas. Esperemos que encuentre en ello su porvenir. Se lo merece.




Sólo piano...

martes, 17 de marzo de 2009

Para Patricia

Me he enterado que hoy día 17 de Marzo es San Patricio, patrón de Irlanda y fiesta nacional allí. Por lo que he leído, los irlandeses lo celebran con muchas ganas en su país, y los que viven en Barcelona también. Le dedican no solamente el día de hoy sino toda una semana con muchos actos en donde se puede escuchar música irlandesa, y ver espectáculos y desfiles en algunas calles.

Hoy también es el santo de Patricia, mi vecinita.

Tiene 13 años y la conocemos desde que nació. La queremos como si fuera una nieta, ya que su familia y la nuestra somos amigas desde hace muchos años.

Parece que le gusta mucho la música. Uno de sus juguetes preferidos cuando era más pequeña era un pianito electrónico que tocaba con afición. Ella dice que me escuchaba a mí, a través de las paredes de su habitación cuando yo tocaba mis músicas. Yo también la escuchaba a ella, algunas veces, y eso que estoy sordo !

Un día que pasó a visitarnos, estaba yo tocando una música que posiblemente ya habréis oído en este blog, (Caramelles), y parece que le gustó. Se quedó escuchando atentamente hasta que terminé de tocarla. Me dijo que era muy bonita y que por qué no le ponía letra para así poderla cantar y tocar ella en su piano. Le dije que poner letra era difícil para mí y no se me daba bien.  Entonces ella me dijo muy resuelta: ¡Uy , por eso no te preocupes, que yo se la pongo en un santiamén!

Me hizo mucha gracia y le prometí que le escribiría una música en exclusiva para ella y se la pasaría para que ella le pusiera su letra.

Y qué mejor día que hoy día de su santo para entregársela...




Sólo piano...

miércoles, 11 de marzo de 2009

Relax

A mi padre le gustaba la tierra. Además de trabajar en muchas cosas para sostener a la familia, su ilusión siempre había sido el tener un pequeño huerto para cultivarlo y ver crecer sus frutos.

 Se le presentó la oportunidad de tener un trocito de tierra de alquiler cerca de la Riera de la Salut en Sant Feliu y en él pasaba sus buenos momentos. En el buen tiempo recogíamos ciruelas, cerezas y melocotones que llevábamos a casa para contento de todos.

Este trocito lo mantuvimos durante años y al final fui yo quien me hice cargo de él, es decir que seguí pagando el alquiler aún viviendo ya en Barcelona. Allí llevaba a mi familia cuando eran pequeños mis hijos muchos sábados de primavera y verano a pasar un día en el "troç" y a disfrutar de la naturaleza cultivando un pequeño huerto, y como mi padre, recogiendo los frutos del tiempo.

Recuerdo que cuando ayudaba a mi padre en el huerto, estando yo soltero,  a veces me gustaba subir por el camino de la riera montaña arriba, hasta que llegaba a un punto en que podía observar toda la panorámica en aquel punto de la Sierra de Collserola que miraba hacia Sant Feliu y que me hacía sentir relajado y en armonía con la naturaleza y al mismo tiempo abrigado y protegido por los frondosos bosques que se veían desde allí. Era una sensación única que me reconciliaba con el mundo y los seres humanos. Allí se respiraba paz.

Estas sensaciones las he vuelto a experimentar en el pueblecito en que hemos pasado muchos veranos mi familia y yo y del que hablaré más adelante. En sus afueras hay una ermita, la ermita de San Cristóbal, a la que se llega después de caminar una media hora desde el pueblo y desde donde se observa una panorámica de montañas que cuando se pone el sol, y se respira el aire fresco y aromático, eso te hace sentir vivo, relajado y también afortunado de poder disfrutar de lo maravillosa que es la naturaleza.



Sólo piano...

domingo, 1 de marzo de 2009

Bailando

Cuando estudiaba piano en Barcelona con mi profesor, el Sr. Durán, algunas veces a la salida de clase solía encontrarme con un conocido de Sant Feliu que le gustaba mucho ir a bailar, y como yo también era aficionado a veces íbamos juntos.

Ibamos al Salón Rialto, un local muy conocido en los años 50 situado en la Ronda de San Pedro en Barcelona. Teníamos muchas ganas de divertirnos y los jóvenes que nos encontrábamos allí, bailábamos con tanta energía los ritmos de entonces, (boggie-boggie, fox-trot, cha-cha-cha, rumba, samba), que a veces,  el entarimado del suelo retumbaba de manera un tanto peligrosa.

La pista de baile estaba situada en un primer piso, de un edificio de viviendas y la planta baja y el sótano del edificio estaban ocupados por una licorería, “Casa Antich” muy famosa en aquellos tiempos.

Recuerdo que en más de una ocasión los vigilantes de pista tenían no poco trabajo en advertir a empujones al personal, de que moderaran sus ímpetus bailarines. También recuerdo que dado lo resbaladizo del piso, ya que el entarimado lucía un precioso encerado, uno u otro nos caíamos al suelo y esto originaba una cadena de resbalones entre las otras parejas de baile. Y si además los vigilantes nos ayudaban con sus empujones, al final todo acababa en divertimento general.
 Hoy en día pienso lo inconscientes que somos muchas veces cuando somos jóvenes.

Años más tarde supimos por los periódicos que la pista de baile se había hundido y hasta había habido alguna desgracia. Mi conciencia se sintió en parte un poco culpable aunque habían pasado ya algunos años y hacía tiempo que había dejado de ir, pero me hizo pensar...

He escogido esta música que tiene un ritmo bailable aunque mucho más tranquilo que los ritmos de entonces. Es un vals.



Sólo piano...