Nunca he viajado a Suiza, aunque me hubiera gustado.Mi mujer y yo no hemos viajado apenas a otros países después de jubilarnos, tan sólo a Roma y de eso hace unos pocos años, acompañados de un matrimonio amigo.
En los primeros años de la jubilación aún había responsabilidades familiares que atender y poco tiempo y dinero para plantearnos ni siquiera hacer cortos viajes y menos al extranjero. Pero unos cuantos años después sí que viajamos a algunos puntos de la península a través del IMSERSO y aún llegamos a tiempo de disfrutar como turistas. Hoy en día con nuestros achaques, ya ni lo pensamos.
Los paisajes montañosos siempre nos han llamado la atención, ya sea porque mi mujer nació en un pueblecito escarpado y rodeado de montañas, ya sea porque yo descubrí ese pueblecito en nuestras vacaciones de verano. Sus montañas siempre me han hecho imaginar la sensación de estar en otro país por su altitud (1600 metros o más en sus cumbres) y por el frío que hace en invierno. Montañas alineadas como si fuera una pequeña cordillera que parecen danzar a veces en círculos y que muy a menudo forman cañones por los que discurren ríos de agua helada y cristalina, cargados de truchas.
La nieve y el hielo las cubren en invierno por lo que para nosotros Villarluengo, que así se llama el pueblo es nuestra pequeña Suiza.
La nieve y el hielo las cubren en invierno por lo que para nosotros Villarluengo, que así se llama el pueblo es nuestra pequeña Suiza.
Sólo piano...
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