Resignación es una palabra que no me gusta demasiado. Pienso que en esta vida hay que resignarse poco, sólo cuando no cabe más remedio, y que no conformarse con lo que no nos gusta es una cuestión vital.Una de las cosas que no tiene remedio es cumplir años. Hace unos días fue mi 86 cumpleaños. Cuando llegamos a estas edades cada vez se oye más la palabra en cuestión, aunque tristemente a veces se oye antes, por razones de enfermedad principalmente o también de soledad, o de circunstancias de las cuales es muy difícil escapar. Ante esto, solo cabe luchar para intentar salir de ellas en la medida de lo posible.
A lo largo de mi vida he tenido diversas dolencias que comenzaron con problemas de estómago, riñón, intestino, y corazón . Afortunadamente, gracias a mi familia y los médicos que me han atendido a lo largo de mi vida, he ido saliendo al paso de todos ellos más o menos aceptablemente. Aún así, me han operado del riñón, del intestino y he tenido dos intervenciones leves de corazón. Mi contribución ha sido hacer uso de un cierto espíritu luchador y poco dado a la resignación, alimentado por la creencia de que iba a salir de ello, por la responsabilidad hacia los míos y por mi ilusión por la música que siempre me ha alegrado la vida.
Pienso que mientras se mantiene algún tipo de ilusión por algo, la vida se prolonga aunque soy consciente de que llega un momento en que ya no podemos llegar a lo que antes llegábamos y entonces sí que permitimos que poco a poco la resignación se vaya instaurando en nuestras vidas dignamente, dicho sea de paso, ya que se supone que con la edad acabamos ganando en serenidad, aunque suene a tópico decirlo.
Tengo conocidos de más de 95 años que no aparentan la edad que tienen y digo yo que bien pudiera ser que su secreto tuviera algo que ver con su poca resignación, o quizás debido a lo tranquilos y serenos que se les ve, por todo lo contrario. Quien sabe ...
Solo piano...
No hay comentarios:
Publicar un comentario