domingo, 14 de diciembre de 2008

Para mi hermana Águeda


Era la mayor de mis hermanos. Nos llevábamos 17 años. 

El recuerdo que tengo de ella es que siempre fue una madraza para sus hijos y una buena hija para sus padres. Mi relación con ella era la normal en una familia bien avenida aunque debido a la diferencia de edad no tenía una relación tan estrecha con ella como con mis hermanos más pequeños. 


Tenía la vista delicada, eso decían, y tuvo una vida dura quizás agravada por este hecho. Pasó como los demás, las penalidades del exilio a Francia siempre con el temor de que nada les sucediera a sus hijos, y luego cuando el resto de la familia regresó a España tuvo que ir en busca de su marido a Burdeos, el cual no podía regresar por temor a las represalias franquistas dadas sus simpatías socialistas.

 Francia por el año 39 y siguientes sufriría la invasión alemana y a esta parte de mi familia le tocó estar en la Francia ocupada. Allí pese a pasarlo mal durante los primeros tiempos lograron llevar una vida tranquila durante un par de años, pero luego la xenofobia hacia los judíos que residían en la zona empezó a acrecentarse cada día más y de rebote también hacia los emigrantes españoles que residían en los mismos barrios y que eran utilizados como mano de obra barata por los franceses en trabajos en los que muchas veces quedaban expuestos a los bombardeos por parte de la aviación aliada.

 Ante el peligro que esto suponía para sus hijos, y el temor a que fueran atacados indiscriminadamente, mi hermana no lo dudó y le dijo a su marido que ella y los niños regresaban a España. Él no podía acompañarlos al ser casi un proscrito en su país.

Regresaron a Sant Feliu a la casa familiar y allí tuvieron que volver a pasar la escasez y miseria de aquellos días, sin su marido. Su hijo Erasmo, tuvo dificultad en encontrar trabajo ya que su apellido (el de su padre), no era bien recibido, y mi hermana también tuvo que soportar desaires de personas que no tenían ninguna razón de ser. Por suerte, siempre tuvo nuestro apoyo, el de su familia, pero la separación con su marido aunque fue temporal y más tarde regresó, hizo mella en mi hermana y a los padecimientos por salvaguardar la salud de los suyos en tiempos muy difíciles, se añadió el suyo propio, una fuerte depresión de la cual no se recuperó nunca más.

Yo la quería mucho y su desaparición a la edad de 47 años fue otra pérdida irrecuperable para nosotros y que marcó el final de una época de grandes sufrimientos, que comenzó con la pérdida de nuestra hermana Antonia y siguió con la de Pedro, la guerra y el exilio.





Sólo piano...

1 comentario:

  1. Una sugerencia: leed la historia escuchando su música de fondo. El resultado es como una película con la banda sonora.

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