Ahora que acabamos de empezar el año nuevo, casi todos hablamos de los propósitos que nos gustaría cumplir de ahora en adelante. Seguramente implicarán un poco de esfuerzo ya que posiblemente vengan arrastrándose desde años anteriores. Uno de los más comunes en los tiempos que corren es el dejar de fumar. Difícil, muy difícil, pero no imposible. Perder kilos, a mi parecer es mucho más difícil ya que a veces no depende sólo de la voluntad.
El caso del tabaco es diferente a mi modo de ver. Os cuento mi experiencia.
Yo había sido fumador en mi juventud. Me fumaba dos paquetes diarios, o sea 40 cigarrillos al día. Si el día tiene 24 horas y dormía 8, imaginad qué ritmo fumador llevaba. Había empezado a fumar porque te hacía mayor y era lo que se llevaba. Los amigos fumaban y te invitaban. Había un cierto placer en compartir esos momentos y me imagino que el sentido del gusto y el olfato debieron cambiar entonces para creer que el sabor del tabaco era agradable. El sentido de la moderación que se requiere para apreciar realmente su sabor, que lo tiene, había desaparecido ya en nosotros, y tanto nos daban veinte que treinta o cuarenta.
A mis 46 años, empecé a pensar seriamente en dejar ese hábito insano. La razón, una tos muy desagradable cada mañana que me hacía enfadar conmigo mismo, pensando qué necesidad tenía yo de soportarla y mi familia de soportar las molestias. Intenté cortar radicalmente y durante un par de semanas conseguí no probar un cigarrillo. Pero en el trabajo, los compañeros me invitaban y al final recaía, ya que no quería despreciárselos.
Pero un día, el 25 de Mayo de 1969, lo intenté definitivamente y lo conseguí. Había experimentado que cada dos horas me venían las ganas de fumar y me dije: “¿Por qué no me ahorro ese cigarro y me espero otras dos horas?” – Y así lo hice. Me esperé. Pero cuando llegaron las cuatro horas me volví a hacer la misma pregunta y me volví a esperar otras dos horas. Y así preguntándome a mí mismo cada dos horas (yo creo que era la voz de mi conciencia enfadada y sensatísima), conseguí pasar un día sin fumar. Al día siguiente, hice lo mismo y así lo hice los días sucesivos.
Cada vez me sentía más reforzado en mi voluntad y más crecido. Ni que decir tiene que rechacé cualquier invitación a fumar por parte de amigos y compañeros. No he tenido nunca problemas respiratorios desde entonces.
Total que a día de hoy 6 de Enero de 2009, y a la espera de que el 25 de Mayo se cumplan 40 años de esa decisión, puedo decir que hace esos años que empecé una nueva vida. Todavía conservo en un vaso de cristal en la vitrina del comedor el último cigarro (ya fósil), que me hubiera tocado fumar con la fecha de ese día escrita en él.
Por si a alguien le sirve, le diré que en todo propósito sea de Año Nuevo o no, la voluntad es la que nos puede llevar al éxito.
Sólo piano...
No soy fumadora pero he escuchado tantas veces la frase: a partir de tal día dejo de fumar. Y pasa tal día….
ResponderEliminarQue gracioso! Una colilla fósil, un símbolo de la victoria.
pd: esperamos actualizaciones de su blog con nuevas historias musicales