domingo, 23 de noviembre de 2008

Marcha al exilio

En tiempos de paz y bonanza, aún con la crisis económica que vivimos hoy en día, cuesta imaginarse lo que representa coger todas tus pertenencias y marchar al encuentro de lo desconocido, a no ser que seas un aventurero y lo hagas por puro placer.

Pero en Enero del 39, nadie lo hizo por eso. Lo hicimos por miedo y necesidad de seguridad para proteger a la familia, lejos de un panorama que en los últimos tiempos de la guerra se presentaba desolador. Quien no se haya visto nunca en una 
situación semejante puede resultarle difícil de entender, pese a que información sobre la guerra y la posguerra no nos falta, pero ciertamente, queda aún mucho que explicar.

Imaginaros un mes de Enero frío, oscuro, con bombardeos continuos desde el mar y desde el aire en la marcha hacia Barcelona y luego hacia Gerona y luego hacia Francia, caminando por carreteras de tierra, con carros destartalados cargando tus posesiones (eso si tenías carro).  Con caballos o mulos desfallecidos por el hambre y la escasez de alimentos, caminando siempre, muchas veces desorientados sin rumbo, y perseguidos por la aviación franquista que se cebaba con la población civil  y que nos obligaba en muchas ocasiones al “cuerpo a tierra”. Fue cierto. Aunque cueste creerlo.

Después, tocaba ponerte de nuevo en pie y a ver qué se podía salvar de lo que había quedado, eso si no había desaparecido alguien de tu familia. Atravesamos peligrosamente ríos con crecidas de aguas, con frío extremo, con nieve y heladas, dándonos calor unos a otros como podíamos, pasto de lugareños desaprensivos que se aprovechaban de tu necesidad de alimento para cambiar comida por ropa que luego te habría de faltar para abrigarte, o por otras pertenencias, como si fuera un mercadillo, en el que siempre ellos salían ganando.

 Niños, ancianos, mujeres, hombres, todos desnutridos y muchos enfermos, así íbamos camino a Francia. Fue como en una película de terror, aunque por desgracia no fue película ya que murieron muchos y otros se extraviaron antes de llegar.

Llegamos. Sobrevivimos. Pero todos en mi familia, desde el mayor, mi padre, hasta la menor, mi sobrina Aguedita, que entonces contaba 8 años pudimos constatar lo peor de la naturaleza humana.

 Qué triste fue.







Sólo piano...

2 comentarios:

  1. Buenas el blog esta de puta madre.
    Si te apetece pasarte por el mio y ya hablamos
    http://www.lacoctelera.com/elblogdelrock

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  2. Leyendo la narración de esta viviencia acompañada con su música de fondo, se pone la piel de gallina. En estas situaciones limite surge lo peor y lo mejor del ser humano....

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