viernes, 14 de agosto de 2009

Paseo bajo la luna

Estos días de vacaciones, mi mujer y yo solemos hacer un corto paseo nocturno después de cenar. Paseamos por las calles del pueblo encaminándonos hacia la salida por la antigua Plaza de los Arcos. En dos minutos estamos ya en las afueras y una vez se acaba la luz de las farolas nos sale al paso un banco que el ayuntamiento puso hace muchos años, y que es nuestro final del paseo.

Siempre que nos sentamos en él, en la oscuridad de la noche tenemos un gran espectáculo. Villarluengo, como ya os he explicado está situado en un punto privilegiado entre las montañas. Hasta donde alcanza la vista se ven montañas y más montañas y de noche, una luz muy ténue que subraya la línea del horizonte y se puede ver con vista relajada, el contorno de muchas de ellas.

Por encima de esa línea el negro de la noche se acentúa y si no hay luna ni nubes, parece como si realmente un manto de estrellas se hubiera extendido ante nuestros ojos. Empiezas distinguiendo alguna constelación y al cabo de un instante, ves cada vez más y más estrellas. En ese silencio daría gusto tumbarse sobre la hierba y extasiarse con su contemplación, pero en nuestro caso, ¿quién nos ayudaría a levantarnos después?

Pero si hay luna, las estrellas ceden su protagonismo a la reina de la noche, como la llaman los poetas. Hace unos años nuestro paseo se alargaba un poco más y cuando había luna llena y el pueblo quedaba atrás, había suficiente luz para iluminar nuestro camino. Llegados a un punto, la contemplábamos en total silencio, a veces tapada un poco por nubes que corrían en el cielo y luego la dejaban ver de nuevo, y otras veces sin nubes, en todo su esplendor.

Aprovechad cuanto podáis las bellas noches de verano para recuperar ese espíritu contemplativo. Es y será siempre un placer.


Solo piano...

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