miércoles, 12 de agosto de 2009

Gotas


Me gusta mucho la lluvia.  Me gusta cuando, en verano,  después de una mañana de mucho calor empiezan a formarse nubes de tormenta y van tapando el sol de la tarde.  Cuando en Barcelona se presenta un día nublado me gusta bajar a la playa y mirar desde el paseo marítimo las masas de nubes en el horizonte que dicen que el espectáculo va a empezar... Aunque siempre regreso a casa antes de que comience.

Me gusta cuando llegan los primeros relámpagos en un cielo negro, verde, azul y gris y cuando comienzan a sonar los primeros truenos. Nunca me han asustado.

 Cuando era joven me gustaba mojarme con las primeras gotas que empezaban a caer y no me importaba si me pillaba fuera de casa y sin paraguas, aunque luego corriera a refugiarme.  En casa, ya en el calor del hogar, si volvía a casa empapado,  me gustaba contárselo a mi familia o a mis conocidos, pues para mí suponía y aún supone una pequeña aventura.

Me encanta oír el ruido de la lluvia al caer y precipitarse sobre los tejados de las casas, sabiendo que de alguna manera la tierra y todos los que la pisamos,  agradecemos ese baño purificante que la naturaleza nos ofrece. Me relaja oír llover cuando estoy acostado y  ese soniquete de las gotas repiqueteando sobre las tejas de la casa de Villarluengo que consigue hacerme dormir en paz y sabiendo que me despertaré respirando un aire más limpio y puro. ¿Habéis observado alguna vez un doble arco iris? Yo sí he tenido esa suerte, y es pura belleza.

Estas sensaciones y otras más que ahora no alcanzo a describir, me las produce la lluvia suave y temperada que cada vez se experimenta menos debido a que o no llueve cuando debería o llueve demasiado cuando no debería.



Solo piano...

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