Mi mujer y yo viajamos ya muy poco pero en Agosto solemos venir a Villarluengo, el pueblecito del que ya os he hablado. Aunque llevamos muchos años viniendo, no nos cansa repetir y cada verano tenemos ganas de cambiar los aires de Barcelona por esos aires frescos de la sierra del Maestrazgo tan saludables.Venimos con Jesús, un taxista de Alcorisa, un pueblo cercano, que nos recoge en Barcelona y nos deja a la puerta de casa. Así pues, el viaje no puede ser más cómodo.
Yo siempre viajo sentado en el asiento delantero al lado de Jesús y como nunca he tenido coche ni he conducido, el ir de "copiloto" me entusiasma porque veo a primera fila los cambios de paisaje que se dan en estos rincones privilegiados de bosques y montañas. Aunque ya los conocemos y nos son familiares, sólo los vemos una vez al año.
Sin embargo este año, el viaje ha sido un poco triste. El motivo es que una gran parte del bosque a unos diez kilómetros del pueblo ha sido arrasado por los incendios de la última semana de Julio. Al parecer han sido causados por tormentas de aire secas, y “con gran aparato eléctrico”, que ocurren tras las olas de calor que últimamente son frecuentes. Según los mayores de por aquí, ese bosque no lo habían visto arder nunca. Malos tiempos, dicen. El cambio climático no perdona.
Muy triste ver lo que queda de muchos pinos de gran porte, ahora quemados, a pie de carretera, con sus troncos ennegrecidos y sus bases calcinadas como víctimas y testigos del desastre. Aún se ven en algunos puntos remolinos de cenizas que levanta el viento que todavía no se ha marchado de aquí.
Lo más triste ahora, es que nadie sabe cuánto tiempo costará recuperarlo. Voluntades y sobre todo recursos para esta zona que desde siempre ha estado tan desprotegida y olvidada.
Sin embargo, la esperanza es lo último que se pierde y espero que en un futuro podamos entre todos prevenir y curar ese mal de todos veranos. Nos va la supervivencia en ello.
Solo piano...
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